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sábado, 23 de julio de 2022

DE LA TRANSITORIEDAD A LA SEGUNDA MUERTE

Man Ray: retrato del marqués de Sade
“Lo bueno si breve, dos veces bueno” (Proverbio atribuido a Baltasar Gracián “Oráculo manual y arte de prudencia”, 1647)

Vamos a intentar poner en relación, tomando la noción de “lo bello” como una bisagra, el bien conocido texto de Freud de 1915 con la noción lacaniana de la “segunda muerte”, un término que toma de Sade y que surge en su enseñanza a partir del seminario “La ética del psicoanálisis” (1959/1960) Con ello pretendemos producir interrogantes que interesen a nuestra experiencia, tanto en el sentido del interés como en el de la implicancia, del atravesamiento.

La transitoriedad

El breve ensayo de Freud, contemporáneo de “De guerra y muerte”, fue escrito en plena primera guerra mundial por invitación y para colaborar, junto con otros destacados intelectuales, en un volumen conmemorativo sobre Goethe llamado “El país de Goethe”. Este lleva por título en alemán un término único: Vergänglichkeit, traducido como “La transitoriedad” por Etcheverry y como “Lo perecedero” por Ballesteros; también podrían aceptarse como otras traducciones posibles “lo efímero” y “la fugacidad”. Pero en alemán es un sustantivo sin articulo lo que acentúa su peso propio, su condición terminante, su “sostenerse por sí mismo”, por así decir. No carece de interés llamar la atención sobre la función del prefijo inseparable “ver” de amplio uso en la lengua alemana y su relación con la función, también amplia, de la negación (“verneinung”) y que sabemos participa de otros términos trascendentes para el psicoanálisis, tales como “verdrängung” (represión),“verwerfung” (forclusión) o “versagung” (frustración) Si bien la implicancia de la función de la negación no es tan marcada como en el caso del prefijo separable “un”, aquel que va a formar, por caso, el “unbewuste” (inconsciente), el “unbehagen” (malestar) o el “unlust” (displacer) los gramáticos y lingüistas destacan la función llamada “adversativa” del prefijo “ver”; es decir la de disminuir, acotar o limitar algo respecto del término al que precede. En la traducción al inglés de “vergänglichkeit” aparece, por ejemplo, un “impermanence” donde el prefijo muestra mejor esa función de la negación que en castellano, como lo que “no permanece” o lo “no permanente”.
Lacan fue trabajando y desarrollando a lo largo de sus seminarios, esa función de la negación y sus implicancias significantes, no solo en su efecto sobre la enunciación, como la forma más simple y a la vez más eficaz de la represión, sino también en cuanto a su función de exclusión, de limite, que produce lo real como lo excluido más allá de ese límite. Un real que se constituye como efecto del corte de lo simbólico y que lo llevará al empleo de la negación en muchas de sus fórmulas donde cumpliría esa función de denotar la castración: “no-todo”, “no-relación”, “no-existe”, etc. Parafraseando a Freud podría decirse que la función de la negación es aquí el “made in Germany”, el sello, la marca, de la función de la castración, operando sobre la letra misma del enunciado.
En suma, entonces, lo transitorio, lo efímero, lo finito es lo que se opone, lo que viene a negar y a refutar a lo permanente, lo eterno y lo infinito, es decir a lo situado fuera-del-tiempo; en otros términos: a lo fuera de la castración o bien a lo que en calidad de ilusión la desmiente. Esto nos conduce de lleno a la cuestión de la trascendentalidad, es decir a lo que trasciende o atraviesa, a lo que esta “más allá”, en este caso más allá de la muerte física, como pretensión y ambición de una eternidad, de un “pasaje a la inmortalidad”, que forma parte ineludible de la llamada condición humana; condición de “hablante-ser” en virtud de la cual adquiere el saber anticipado de su finitud.
Vale la pena recordar que Freud dejó bien establecido que la muerte, como registro subjetivo de un acontecimiento, es siempre la muerte del otro, del semejante; tan temida como deseada. No hay ninguna posibilidad de registro, de inscripción o representación, de la propia muerte como acontecimiento, puesto que este se ubica, por definición, en lo incognoscible, en lo real como tal. No es solo que el sujeto no quiera imaginársela, sino que esta es inimaginable, “inaccesible” dice Freud. Como se suele decir, el muerto es, justamente, aquel que no puede “contar el cuento”, es decir, dar cuenta del acontecimiento en el a posteriori de lo simbólico.

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Publicado en Revista Calibán, Vol 18, Nº2, 2020

sábado, 16 de julio de 2022

HUMOR Y PSICOANALISIS

Elegimos estas imágenes de estos cuatro señores por lo mucho que ellas comparten. En primer lugar, una actitud pensante o reflexiva, allí donde podría suponerse que solo trataban de divertir; donde las especies del humor son un instrumento, un medio para intentar hacer pensar. Comparten también el hecho, en principio casual, de que sostengan o apoyen sus inquietas y geniales cabezas sobre la zurda.

"El humor nos permite ver a través de lo que parece racional, lo irracional. Refuerza nuestro instinto de conservación y preserva nuestra salud de espíritu. Gracias al humor, las vicisitudes de la existencia se tornan más llevaderas; desarrolla nuestro sentido de las proporciones y nos revela que lo absurdo merodea siempre en torno a la exagerada gravedad"

Sir Charles Chaplin

Si al lector le gusta el cine – y ya tiene algunos años - tal vez recuerde el final de la célebre comedia "una Eva y dos Adanes " (Some like it hot, Billy Wilder, 1959) donde Jack Lemmon, más bien travestido que disfrazado de mujer, trata de convencer en vano a Joe E. Brown de la imposibilidad de casarse con él. Frente a su insistencia y ya desesperado se quita la peluca y le grita: "Es que soy un hombre"; Brown luego de un breve titubeo le responde "Well...nobody is perfect”. De ese mismo film también es posible recordar al malvado George Raft salvajemente ametrallado junto a su banda en una fiesta de gansters por un pistolero que emerge del interior de una gigantesca torta de cumpleaños y en el momento de soplar las velitas. Sorprendido por la muerte, ensangrentado y a título de últimas palabras exhala justamente un: "good joke". Son sólo dos ejemplos marcados por nuestro gusto personal, así como cualquiera podría encontrar los suyos, donde el humor - como efecto de un dicho - surge en el momento mismo donde se está frente a cuestiones de límite, en el borde de lo imposible de decir más que por el roce alusivo: la sexualidad en el primer caso, la muerte en el segundo. Llevados hasta un punto de "apronte angustioso" se produce un sorpresivo efecto de corte y un posterior viraje hacia una "discreta ganancia de placer" para decirlo en los términos de Freud quien considera a este "plus" como una de las claves del efecto humorístico. Subrayamos asimismo el calificativo de "discreto" pues con el apoyo de nuestros ejemplos intentamos dejar en claro que no se trata de la burla, la grosería y menos aún la risotada. El humor está presente al menos en dos sentidos en la obra de Freud. Por un lado formando parte como condimento de su estilo de escribir, lo que incluye frecuentes referencias a otros autores (J. Nestroy, H. Heine y G.B. Shaw entre sus preferidos) Por otro lado, con la producción de dos textos específicos: "El chiste y su relación con lo inconsciente" (1905) perteneciente al período “fundacional” del psicoanálisis donde se destaca su fascinación por el juego significante del lenguaje y más tardíamente "El humor" (1927) donde el acento pasa por la metapsicología. Existe pues un lugar trascendente para el humor en el campo teórico del psicoanálisis así como también en el interior de la experiencia analítica misma y aún en una ética propia del psicoanálisis (que el humor pueda tener que ver con una ética parece, en principio, una broma) Al dirigir su interés hacia el humor Freud contribuye asimismo a romper con el prejuicio academicista donde lo científico quedaría adscripto a lo serio y solemne mientras lo humorístico pertenecería a lo pueril e intrascendente.

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Trabajo publicado como co-autor en el libro “Sería trágico se nao fosse cómico” Civilizaçao brasileira (RJ) 2005

viernes, 8 de julio de 2022

SEXUALIDAD Y DIFERENCIA



Hernández y Fernández
Las aventuras de Tin-Tin (Hergé)


“Masculinidad y feminidad puras siguen siendo construcciones teóricas de contenido incierto”  S. Freud (1925)

“Sólo cuando nos volvemos con el pensar hacia lo ya pensado, estamos al servicio de lo por pensar”  M. Heidegger (1957)


¿Neosexualidades?


Es un hecho cultural, social y político incontrovertible de nuestra época el surgimiento y despliegue de nuevas formas o manifestaciones de la sexualidad que promueven nuevas conductas y patrones en las relaciones sociales, sexuales, y familiares; cambios que surgidos hace décadas en el “primer mundo” se difunden universalmente con gran rapidez. 

“Lesbianas”, “gays”, “bisexuales”, “transexuales”, “travestis”, etc. constituyen supuestas nuevas categorías sexuales o “neosexualidades”, cuyo catálogo está abierto. A ello deben sumarse las llamadas, “neoparentalidades”, “mono” y “homoparentalidades”, etc. También se puede incluir un cruce con las “nuevas formas de gestación” y asimismo con las cirugías y terapias hormonales ligadas al cambio de sexo.

Si en sentido estricto, no todo aquí es nuevo (la homosexualidad, por caso, es tan vieja como el mundo) lo novedoso sería la constitución, de la mano de las “redes sociales”, de movimientos y organizaciones (“feministas”, “queer”, “transgénero”, etc.) cuyas demandas sociales y políticas se legitiman en discursos que tienen sus autores teóricos diversos y que sería un error considerar homogéneos o formando un conjunto, por demás heterodoxo. Por caso, no es lo mismo la lucha feminista, de hace más de un siglo, por la igualdad de los derechos e intereses sociales y políticos de las mujeres, que el “feminismo radical” que considera el lesbianismo como única salida frente a la dictadura del “patriarcado” o la promoción militante de la identidad “agénero” o “neutro” cuyo paradigma es el borramiento de toda diferencia sexual.

Podría decirse que un denominador común en esta diversidad sea la apelación o promoción de la “libertad” y del “libre albedrío” respecto de una elección voluntaria en materia de sexualidad, considerada un derecho legal y que, en varios casos, se extiende también a los niños. 

Esta es una posición que interesa particularmente al psicoanálisis puesto que implica el desconocimiento y el rechazo de cualquier determinismo relativo, no ya solamente el de la anatomía, sino el del significante y el de esa sujeción del sujeto a él que llamamos inconsciente y que involucra radicalmente al cuerpo en tanto que erógeno y en tanto que objeto del Deseo del Otro. 

En su extremo supondría la desmentida, la anulación de la brecha estructural entre el lenguaje y el cuerpo, por la cual el sujeto como hecho de lenguaje y más allá de su efecto sobre el cuerpo sexuado, queda involucrado por un real, un resto o residuo inaccesible que escapa a lo simbolizable. Digámoslo así: hay un cuerpo, familiar y extraño a la vez, que está más allá del sujeto y de la voluntad.

Pensamos que esa posición “libertaria”, por así decir, supone y reivindica un sujeto pleno que puede desprender, separar el lenguaje del cuerpo y a partir de eso, controlarlo y dominar sobre él, decidir sobre el sexo y en última instancia sobre la vida y la muerte. 

Leer texto completo haciendo click aquí

Trabajo publicado en Revista Calibán Vol 17, Nº 1, 2019

Lee también el texto ''La mal-dicción del sexo'' relacionado a ''Sexualidad y Diferencia'', clickeando aquí

lunes, 4 de julio de 2022

ALIBI (La verdad como coartada)

En el Seminario 5, clase 1, pag 28, Lacan habla de “la dimensión de coartada de la verdad” (“la dimensión d’alibi de la verité” en francés) Se trata de una referencia a su escrito “La instancia de la letra” (pag 498) texto contemporáneo a ese seminario. Dice allí, a propósito de esa metamorfosis lacaniana del cogito: “Pienso donde no soy, luego soy donde no pienso” que: “Este misterio con dos caras se une al hecho de que la verdad no se evoca sino en esa dimensión de coartada, donde todo “realismo” en la creación toma su verdad de la metonimia” Es decir que la verdad es metonímica, se dice y se muestra a través de una “otra cosa”, en el plano del significante, aquel que está “al lado” o contiguo; es un efecto de desplazamiento, para decirlo en los términos de Freud A propósito del Witz freudiano, esta formulación surge a partir de la pregunta por la verdad, mas precisamente por la verdad del deseo inconsciente; de donde se sitúa esa verdad y de cómo esta es dicha, de la forma y los recursos que esta emplea para poder decirse; en este caso, el de la coartada. El término “coartada” tiene una clara referencia al Derecho y designa la prueba o testimonio que presenta un acusado en defensa de su inocencia, con la que demuestra que en el momento en que se cometió un delito estaba en otro lugar (ese “otro lugar” es aquí la clave de la cuestión) Dicho de otra forma, la “otra cosa” en la que se sostiene la veracidad de un decir. Es llamativo que, con excepción del castellano, el sustantivo “coartada” (ligado, pero diferente, al verbo “coartar”) se traduce como “alibi” (con diferentes entonaciones y acentos) en prácticamente todo el resto de las lenguas occidentales (en castellano, existe también el término, pero como sinónimo) Precisamente, la etimologia del término latino “alibi” implica la contracción literal entre “alius” (otro) e “ibi” (allí), es decir “lo otro allí”. En un sentido mas amplio, en castellano, la coartada es también la excusa, la justificación, el pretexto y la disculpa, que son operatorias que surgen a partir de plantearse la cuestión de la verdad implicada en un acto o en un dicho que comprometen al sujeto. En nuestro campo, el del psicoanálisis, no se trata de juzgar si la coartada es verdadera o falsa, sino de su uso como significante para decir “otra cosa” en lo dicho o afirmado. Son diversos los giros que Lacan emplea en esa clase para dar cuenta de la emergencia, de la visualización y de la escucha de esa verdad, de cómo se accede a ella. Dice que está se ve “de coté”, de “cotelete”, que surge o se muestra solo cuando se está mirando para otro lado, de soslayo y eso te permite ver lo que no está ahí, a la manera del cuadro de “los embajadores” de Holbein. Es decir, una verdad que nunca es dicha directamente, de frente y sin tapujos. Al respecto, habría que desconfiar un poco de toda confesión, de la verdad intencional, aunque sea dicha “de todo corazón”. La verdad de la que aquí se trata, es la que se dice esencialmente sin saberlo e incluso a pesar de la intención del sujeto mismo. Esta es dicha “con inocencia”, como un accidente y en ese sentido, en el de la culpabilidad, el sujeto resulta “inimputable”, lo cual no debe confundirse con el de la responsabilidad subjetiva, aquella que lo compromete con su deseo y en donde se sostiene la analizabilidad. Está entonces implicada la posición del analista, aquella cuya ética lo compromete a no aceptar coartadas, a cuestionarlas, no en su veracidad, sino en esa función de decir “otra cosa”, donde el inconsciente sería ese “otro allí” respecto del decir y que la coartada pretendería justificar o disculpar. La reacción que de ordinario y espontáneamente tiene un sujeto con respecto a alguna manifestación de su inconsciente, es desprenderse, des-responsabilizarse de ella, atribuyéndola a otra cosa, es decir apelando a la coartada. Ello es una cuestión de todos los días y está en todas partes como lo demuestra Freud en su “Psicopatología de la vida cotidiana” La coartada es entonces y esencialmente una función, dual, paradojal, la del desconocimiento del deseo, a la vez que posibilita su puntual emergencia y ella puede asumir diversas formas u operatorias en la experiencia analítica. Aquí surge a partir del Witz y de las formaciones del inconsciente; que decir entonces de esa simple y elaborada a la vez, función de la negación donde se afirma algo negándolo y de esa fina verónica de decir la verdad mintiendo a la manera del chiste de Lemberg/Cracovia y que culmina en Lacan con la paradoja del “yo miento” (cuando lo formulo: ¿digo la verdad o miento?) ¿No es esta también la función, la de ser una coartada del inconsciente, que Freud le asigna a la conciencia, a los ideales y al “sentido común”, cuya mecanismo esencial es la represión? En un momento más tardío de su enseñanza, Lacan fabrica un neologismo en francés entre “dimensión” y “dit-mansion” (¿“dicho-mansión”?) donde el dicho, el lenguaje, sería el lugar, la casa, en donde habita ese sujeto, cuya verdad se presenta como coartada. Por ese motivo, solo puede medio-decirse o bien nunca podrá decirse toda, lo cual hace del clásico imperativo “diga la verdad, toda la verdad y nada mas que la verdad” la formulación misma de lo imposible. Al respecto, se suele empeñar la palabra como supuesto garante de la verdad; en el juramento, en el “te doy mi palabra” y en la “palabra de honor”. A decir verdad, la palabra, con toda su ambigüedad y su duplicidad, tal vez sea de lo más genuino, en tanto lo representa, que un sujeto pueda dar. Abril 2022