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lunes, 4 de julio de 2022
ALIBI (La verdad como coartada)
En el Seminario 5, clase 1, pag 28, Lacan habla de “la dimensión de coartada de
la verdad” (“la dimensión d’alibi de la verité” en francés) Se trata de una
referencia a su escrito “La instancia de la letra” (pag 498) texto contemporáneo
a ese seminario. Dice allí, a propósito de esa metamorfosis lacaniana del
cogito: “Pienso donde no soy, luego soy donde no pienso” que: “Este misterio con
dos caras se une al hecho de que la verdad no se evoca sino en esa dimensión de
coartada, donde todo “realismo” en la creación toma su verdad de la metonimia”
Es decir que la verdad es metonímica, se dice y se muestra a través de una “otra
cosa”, en el plano del significante, aquel que está “al lado” o contiguo; es un
efecto de desplazamiento, para decirlo en los términos de Freud A propósito del
Witz freudiano, esta formulación surge a partir de la pregunta por la verdad,
mas precisamente por la verdad del deseo inconsciente; de donde se sitúa esa
verdad y de cómo esta es dicha, de la forma y los recursos que esta emplea para
poder decirse; en este caso, el de la coartada. El término “coartada” tiene una
clara referencia al Derecho y designa la prueba o testimonio que presenta un
acusado en defensa de su inocencia, con la que demuestra que en el momento en
que se cometió un delito estaba en otro lugar (ese “otro lugar” es aquí la clave
de la cuestión) Dicho de otra forma, la “otra cosa” en la que se sostiene la
veracidad de un decir. Es llamativo que, con excepción del castellano, el
sustantivo “coartada” (ligado, pero diferente, al verbo “coartar”) se traduce
como “alibi” (con diferentes entonaciones y acentos) en prácticamente todo el
resto de las lenguas occidentales (en castellano, existe también el término,
pero como sinónimo) Precisamente, la etimologia del término latino “alibi”
implica la contracción literal entre “alius” (otro) e “ibi” (allí), es decir “lo
otro allí”. En un sentido mas amplio, en castellano, la coartada es también la
excusa, la justificación, el pretexto y la disculpa, que son operatorias que
surgen a partir de plantearse la cuestión de la verdad implicada en un acto o en
un dicho que comprometen al sujeto. En nuestro campo, el del psicoanálisis, no
se trata de juzgar si la coartada es verdadera o falsa, sino de su uso como
significante para decir “otra cosa” en lo dicho o afirmado. Son diversos los
giros que Lacan emplea en esa clase para dar cuenta de la emergencia, de la
visualización y de la escucha de esa verdad, de cómo se accede a ella. Dice que
está se ve “de coté”, de “cotelete”, que surge o se muestra solo cuando se está
mirando para otro lado, de soslayo y eso te permite ver lo que no está ahí, a la
manera del cuadro de “los embajadores” de Holbein. Es decir, una verdad que
nunca es dicha directamente, de frente y sin tapujos. Al respecto, habría que
desconfiar un poco de toda confesión, de la verdad intencional, aunque sea dicha
“de todo corazón”. La verdad de la que aquí se trata, es la que se dice
esencialmente sin saberlo e incluso a pesar de la intención del sujeto mismo.
Esta es dicha “con inocencia”, como un accidente y en ese sentido, en el de la
culpabilidad, el sujeto resulta “inimputable”, lo cual no debe confundirse con
el de la responsabilidad subjetiva, aquella que lo compromete con su deseo y en
donde se sostiene la analizabilidad. Está entonces implicada la posición del
analista, aquella cuya ética lo compromete a no aceptar coartadas, a
cuestionarlas, no en su veracidad, sino en esa función de decir “otra cosa”,
donde el inconsciente sería ese “otro allí” respecto del decir y que la coartada
pretendería justificar o disculpar. La reacción que de ordinario y
espontáneamente tiene un sujeto con respecto a alguna manifestación de su
inconsciente, es desprenderse, des-responsabilizarse de ella, atribuyéndola a
otra cosa, es decir apelando a la coartada. Ello es una cuestión de todos los
días y está en todas partes como lo demuestra Freud en su “Psicopatología de la
vida cotidiana” La coartada es entonces y esencialmente una función, dual,
paradojal, la del desconocimiento del deseo, a la vez que posibilita su puntual
emergencia y ella puede asumir diversas formas u operatorias en la experiencia
analítica. Aquí surge a partir del Witz y de las formaciones del inconsciente;
que decir entonces de esa simple y elaborada a la vez, función de la negación
donde se afirma algo negándolo y de esa fina verónica de decir la verdad
mintiendo a la manera del chiste de Lemberg/Cracovia y que culmina en Lacan con
la paradoja del “yo miento” (cuando lo formulo: ¿digo la verdad o miento?) ¿No
es esta también la función, la de ser una coartada del inconsciente, que Freud
le asigna a la conciencia, a los ideales y al “sentido común”, cuya mecanismo
esencial es la represión? En un momento más tardío de su enseñanza, Lacan
fabrica un neologismo en francés entre “dimensión” y “dit-mansion”
(¿“dicho-mansión”?) donde el dicho, el lenguaje, sería el lugar, la casa, en
donde habita ese sujeto, cuya verdad se presenta como coartada. Por ese motivo,
solo puede medio-decirse o bien nunca podrá decirse toda, lo cual hace del
clásico imperativo “diga la verdad, toda la verdad y nada mas que la verdad” la
formulación misma de lo imposible. Al respecto, se suele empeñar la palabra como
supuesto garante de la verdad; en el juramento, en el “te doy mi palabra” y en
la “palabra de honor”. A decir verdad, la palabra, con toda su ambigüedad y su
duplicidad, tal vez sea de lo más genuino, en tanto lo representa, que un sujeto
pueda dar. Abril 2022
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