![]() |
| Man Ray: retrato del marqués de Sade |
“Lo bueno si breve, dos veces bueno” (Proverbio atribuido a Baltasar Gracián “Oráculo manual y arte de prudencia”, 1647)
Vamos a intentar poner en relación, tomando la noción de “lo bello” como una bisagra, el bien conocido texto de Freud de 1915 con la noción lacaniana de la “segunda muerte”, un término que toma de Sade y que surge en su enseñanza a partir del seminario “La ética del psicoanálisis” (1959/1960) Con ello pretendemos producir interrogantes que interesen a nuestra experiencia, tanto en el sentido del interés como en el de la implicancia, del atravesamiento.
La transitoriedad
El breve ensayo de Freud, contemporáneo de “De guerra y muerte”, fue escrito en plena primera guerra mundial por invitación y para colaborar, junto con otros destacados intelectuales, en un volumen conmemorativo sobre Goethe llamado “El país de Goethe”. Este lleva por título en alemán un término único: Vergänglichkeit, traducido como “La transitoriedad” por Etcheverry y como “Lo perecedero” por Ballesteros; también podrían aceptarse como otras traducciones posibles “lo efímero” y “la fugacidad”. Pero en alemán es un sustantivo sin articulo lo que acentúa su peso propio, su condición terminante, su “sostenerse por sí mismo”, por así decir. No carece de interés llamar la atención sobre la función del prefijo inseparable “ver” de amplio uso en la lengua alemana y su relación con la función, también amplia, de la negación (“verneinung”) y que sabemos participa de otros términos trascendentes para el psicoanálisis, tales como “verdrängung” (represión),“verwerfung” (forclusión) o “versagung” (frustración) Si bien la implicancia de la función de la negación no es tan marcada como en el caso del prefijo separable “un”, aquel que va a formar, por caso, el “unbewuste” (inconsciente), el “unbehagen” (malestar) o el “unlust” (displacer) los gramáticos y lingüistas destacan la función llamada “adversativa” del prefijo “ver”; es decir la de disminuir, acotar o limitar algo respecto del término al que precede. En la traducción al inglés de “vergänglichkeit” aparece, por ejemplo, un “impermanence” donde el prefijo muestra mejor esa función de la negación que en castellano, como lo que “no permanece” o lo “no permanente”.
Lacan fue trabajando y desarrollando a lo largo de sus seminarios, esa función de la negación y sus implicancias significantes, no solo en su efecto sobre la enunciación, como la forma más simple y a la vez más eficaz de la represión, sino también en cuanto a su función de exclusión, de limite, que produce lo real como lo excluido más allá de ese límite. Un real que se constituye como efecto del corte de lo simbólico y que lo llevará al empleo de la negación en muchas de sus fórmulas donde cumpliría esa función de denotar la castración: “no-todo”, “no-relación”, “no-existe”, etc. Parafraseando a Freud podría decirse que la función de la negación es aquí el “made in Germany”, el sello, la marca, de la función de la castración, operando sobre la letra misma del enunciado.
En suma, entonces, lo transitorio, lo efímero, lo finito es lo que se opone, lo que viene a negar y a refutar a lo permanente, lo eterno y lo infinito, es decir a lo situado fuera-del-tiempo; en otros términos: a lo fuera de la castración o bien a lo que en calidad de ilusión la desmiente. Esto nos conduce de lleno a la cuestión de la trascendentalidad, es decir a lo que trasciende o atraviesa, a lo que esta “más allá”, en este caso más allá de la muerte física, como pretensión y ambición de una eternidad, de un “pasaje a la inmortalidad”, que forma parte ineludible de la llamada condición humana; condición de “hablante-ser” en virtud de la cual adquiere el saber anticipado de su finitud.
Vale la pena recordar que Freud dejó bien establecido que la muerte, como registro subjetivo de un acontecimiento, es siempre la muerte del otro, del semejante; tan temida como deseada. No hay ninguna posibilidad de registro, de inscripción o representación, de la propia muerte como acontecimiento, puesto que este se ubica, por definición, en lo incognoscible, en lo real como tal. No es solo que el sujeto no quiera imaginársela, sino que esta es inimaginable, “inaccesible” dice Freud. Como se suele decir, el muerto es, justamente, aquel que no puede “contar el cuento”, es decir, dar cuenta del acontecimiento en el a posteriori de lo simbólico.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario