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lunes, 14 de noviembre de 2022

SOBRE DEMONIOS Y MUERTOS-VIVOS


En un pretendido ejercicio de “extensión” del psicoanálisis y a partir de un recorrido elemental por la historia de la literatura y el cine, nos proponemos interrogar aquello de “lo demoníaco” que, en su doblez, nos espeluzna tanto como nos atrae.
En el heterogéneo catálogo de criaturas y personajes imaginarios no es ocioso diferenciar aquellos más “sobrenaturales” como los demonios y monstruos (probables restos de extintas sagas y religiones) de los que, ya antropomórficos, ya espíritus poseyentes, eran previamente humanos como los fantasmas y los vampiros. Estos últimos acentúan el rasgo de lo “muerto-vivo” o de lo “no muerto” así como el carácter de “aparición” o presentificación y el de “revenant” es decir de aquello que vuelve o retorna.
En cuanto a los géneros es interesante también hacer cierto despeje entre el horror, asociado a lo sobrenatural o el terror ligado a asesinos y catástrofes, que incluyen un cruce con la ciencia ficción, del suspenso y el misterio, causados por lo desconocido e incomprensible.
Nos situaremos en un punto de viraje de la cultura humana a partir del cual, el Diablo y lo demoníaco pasan de ser una creencia de leyendas, mitos y religiones a tener el estatuto de ficción literaria; corolario del cuestionamiento de la existencia real de Dios y de la asimilación del Otro, como lugar del lenguaje, a las Sagradas Escrituras. Hasta allí, esa articulación de lo demoníaco con la religiosidad nos recuerda, como lo señala Angel Garma en su trabajo “ Un gesto obsceno de Santa Teresa” (1993) a la topología freudiana del Superyo que surge y está en continuidad con el Ello y donde el santiguarse o el blandir la cruz, como freno a un demonio que vendría desde “afuera”, podrían ser paradigmas de la formación reactiva contra el deseo reprimido.
Ubicamos ese viraje o pasaje de la creencia religiosa a la ficción a partir del siglo XVII, como un efecto del racionalismo cartesiano, las revoluciones burguesas y la caída del feudalismo y el poder de las Iglesias. No obstante, ya en el Renacimiento, el Diablo y sus demonios eran personajes literarios en obras tan clásicas como “La Divina Comedia” de Dante y “El Paraíso perdido” de John Milton, en tono de epopeyas poéticas trágicas; aunque también eran personajes bufonescos, como en el “Sueño en el infierno” de Quevedo o de comedia, como en el “Diablo enamorado” de Cazotte citado por Lacan.
Pero será, sin duda, a partir del Romanticismo y el siglo XIX que lo demoníaco se instala definitivamente en la novela y en el cuento. Si bien lo trágico se continúa en el “Fausto” de Goethe, surge como género el cuento fantástico o de terror, con autores caros al psicoanálisis como Ernst Hoffman y E. A. Poe, así como la llamada “novela gótica”. A este período y entre otros ejemplos clásicos pertenecen: “Frankenstein o el moderno Prometeo” de Mary Shelley (lo cual se refiere al sabio doctor y no al monstruo) “Carmilla” de Sheridan Le Fanu (vampira y lesbiana) “El extraño caso del Dr. Jeckyll y Mr. Hide” de Robert Stevenson (en donde lo demoníaco es remitido a una escisión interior) y el “Drácula” de Bram Stoker (donde vuelve a ser proyectado en la figura del vampiro tan aterrorizante como sensual) Es indudable que existe cierta inspiración en personajes reales como Vlad Tepes el empalador rumano, la condesa húngara Báthory o el Barón francés Gilles de Rais, todos ellos nobles asesinos seriales y aún el alquimista alemán Georg Faust (siglo XV) pero no sería más que eso, un pretexto basado en sagas y leyendas, relatos de relatos.
En cuanto al Río de la Plata, podríamos citar los cuentos cortos de horror y misterio de Horacio Quiroga, aunque se inscriban, para perplejidad de las categorías, en un “realismo naturalista”.
En los comienzos del siglo XX esa atmósfera “negra” se continuará a través del “comic” y la historieta y en particular del vanguardista cine “expresionista” alemán con films fundacionales como “El gabinete del Dr. Caligari” de Robert Wiene o “Nosferatu el vampiro” de F. Murnau. Del otro lado del Atlántico, una prolífica nueva industria cinematográfica va a inmortalizar ciertos rostros para “Drácula” como los de Bela Lugosi y Christopher Lee o como el de Boris “Frankenstein” Karloff.
A partir de la segunda mitad del siglo surgen en Europa cineastas como Ingmar Bergman y A. Hitchcock en donde lo siniestro se sitúa en la complejidad interior de sus personajes; pero será en los Estados Unidos y bajo el signo del entertainment en donde lo demoníaco devendrá un acontecimiento cultural y de mercado. La oferta abarcará títulos como “El exorcista” de W. Friedkin; “El bebe de Rosemary” y “La danza de los vampiros” (que introduce al primer vampiro gay) de Roman Polansky o “El joven Frankenstein” de Mel Brooks. Más recientemente y con la tendencia al “best seller ready for the screen” por así decir, sagas del estilo de “Entrevista con el vampiro” de Anne Rice o “Crepúsculo” de Stephenie Meyer ya proponen demonios y vampiros tan humanizados que sufren, se enamoran y tienen culpa pues en el fondo son buenos y desde luego neuróticos. En la misma línea, First kill” y “La primera muerte” son las primeras series de vampiros LGTB+ de Netflix.

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lunes, 19 de septiembre de 2022

VANIDADES

(Contrapunto londinense)

“Los embajadores” Hans Holbein (1533)

"La vanidá es yuyo malo
Que envenena toda huerta.
Es preciso estar alerta
Manejando el azadón.
Pero no falta el varón
Que la riega hasta en su puerta"

Atahualpa Yupanqui
(Coplas Del Payador perseguido)

A propósito de las interminables exequias de la reina Isabel II de Gran Bretaña, con las que los medios nos han estado bombardeando sin piedad durante estos días, se nos ocurrió una suerte de contrapunto londinense, por así llamarlo, en torno a una cuestión propiamente humana: la vanidad. Es cierto que se habla de la vanidad del pavo real, del orgullo del rey león, del privilegio de la abeja reina y cosas así, pero no serían más que proyecciones respecto de conductas instintivas a las que hominizamos, les damos un sentido antropocéntrico, pues, para los humanos, nuestro ego es lo que está en el centro del universo, la medida de todas las cosas.
Dichas exequias fúnebres, que duran varios días, constan de, también interminables, actos, ceremonias religiosas y civiles, desfiles militares y otros despliegues escénicos, enmarcados en una atmósfera que pretende aparentar y transmitir el más solemne de los recogimientos. Esta impresionante exhibición pública, rodeada de tanta pompa y magnificencia, rigurosamente cuidada en sus más mínimos detalles, en su afán de ostentación de grandeza, de pronto se desliza hacia lo grotesco y lo ridículo, lo decadente y anacrónico, al igual que la institución misma de la monarquía, que busca aprovechar la ocasión para darse un “baño de masas”, como dicen.
De esta forma, el despliegue de los ropajes y atuendos del vestuario (trajes de gala, uniformes, sombreros, cascos y pelucas) en el marco de una escenografía multicolor (carruajes, coches y carrozas) conforman una suerte de gran carnaval británico, con disfraces para todos los gustos, que engalanan a personajes extravagantes, caricaturescos, incluso bufonescos. Tal vez, como símbolos de una decrépita, patética y nostálgica vanidad perdida de los que alguna vez se creyeron dueños del mundo y por una suerte de designio divino o de Manifest Destiny (no los únicos, claro está, puesto que se trata de una posta que se va pasando entre los imperios) Bendecidos por él, otrora vanguardia del capitalismo y del imperialismo, se sintieron autorizados a cometer todo tipo de crímenes durante siglos, a través de sus conquistas, robos y tropelías a lo largo de los cinco continentes y los siete mares. Eso sí, sin perder el británico sentido del humor ¿Acaso no nombraron “Sir” (y convirtieron en héroe nacional) a un pirata como Francis Drake?
Detrás de todo ello, descorriendo toda esa fulgurante y densa cortina, lo que queda como resto (en el lugar de la causa) es la muerte pura y simple, como desenlace biológico inexorable, de una anciana de 96 años.

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martes, 6 de septiembre de 2022

¡ALELUYA! ¡HEMOS VUELTO A TOCARNOS!

Henri Matisse: “La alegría de vivir” (1906)
"¿Quién sabe qué hacer con un cuerpo de hablante-ser (parlêtre) salvo, apretarlo más o menos."?
J. Lacan (Seminario de Caracas, 1980)

A medida que va cediendo la “guerra”, como se la definió universalmente, contra la epidemia del Covid, esa guerra extraña, ominosa, contra un algo radicalmente heteros, donde nos cuidábamos entre todos y a la vez nos cuidábamos de todos, donde cada semejante era un aliado y a la vez un enemigo, llega, como luego de toda guerra, el recuento de las bajas y la evaluación de los costos pagados. Pero ya no solo de los infectados o los fallecidos, estadísticamente cuantificables, cifras con las que se nos bombardeó mediáticamente sin piedad, todos los días durante dos años, sino también respecto de aquello imposible de medir y calcular, tanto en su dimensión presente como en su proyección futura. Específicamente, el devastador daño libidinal al lazo afectivo, en cuyas expresiones tanto públicas como privadas, recayó el grueso de las restricciones, controles y prohibiciones, de la sujeción al imperio de los protocolos. De pronto, lo erógeno, el contacto libidinal, se volvió más peligroso que nunca.
Puede que el bicho humano, en el plano de lo natural, sea una máquina biológica (al igual que una rana o un chimpancé) pero no hay allí dimensión alguna de sujeto, que es un efecto de su constitución en el lenguaje, como la estructura simbólica que opera el pasaje de “organismo” a “cuerpo” en tanto que específicamente humano. La intervención deseante del Otro, que es la que nos trae a la vida y la que nos asiste en nuestra absoluta indefensión inaugural, recorta y constituye en los cuerpos de los hablantes, zonas y bordes erógenos, en los que toman apoyo goces polimorfos que fundan un cuerpo libidinal y gozante. De esa contingencia pulsional/corporal surgirá el deseo como buscador errante de objetos, por carecer de uno natural o instintual; en especial aquellos situados o imaginados en el cuerpo del otro. Su renuncia, su denegación producirá el retorno del pseudópodo de la ameba libidinal freudiana hacia la retracción narcisista con sus correspondientes efectos sintomáticos (depresión, somatizaciones, hipocondría, etc.)
No parece casual que aquellos que estuvieron en la primera línea, los que más rápidamente, incluso fervorosamente, acogieron la restricción libidinal, y que hoy son los más renuentes a deshabituarse de ella, sean aquellos que siempre tuvieron dificultades, inhibiciones, mezquindades, evitaciones e incapacidades para alcanzar o ser alcanzado por el cuerpo del otro. Por lo común, más o menos apoyada en alguna “locura razonante o razonable”, por así decir, que legitime el miedo y la angustia, a saber: psicosis, paranoias, fobias y caracteres obsesivos.
Como sea, parece que la entrada en la así llamada y esperada “post pandemia” trae buenas nuevas para la relación libidinal y para el lazo social entre los “hablantes seres”, al menos para la gran mayoría. Hemos vuelto a redescubrir o descubrir las caras destapadas, a juntar la mirada con el conjunto del rostro, en especial la sonrisa. Hemos vuelto a estrecharnos las manos, más allá del saludo puñetero, a darnos un beso o un abrazo que inaugura el encuentro o la despedida. Ya no más familiares y amigos dejando las vituallas a prudencial distancia de la puerta de los infectados (confirmados o supuestos) o de aquellos, aislados por los suyos, dentro de su propia casa. Ya no más convalecencias o muertes en la más cruda soledad, donde el otro, a lo sumo, atisba detrás de una cortina de celofán. Desde luego subsisten la paranoia y el goce de vivir aferrado al miedo, de temer el contacto con el otro, negándose a salir del contexto de la coartada pandémica porque “nunca se sabe”. Pero los pretextos son lo de menos; por las dudas, la voracidad de los medios que alimentan y se alimentan del rating que otorga el miedo, ya alertan sobre posibles recambios. Por caso, la “viruela del mono”, un término que nos provoca cierta resonancia de un paso de baile, al estilo del “baile de San vito” o del “paso del conejito”.
El contacto de los cuerpos, el tocarnos, nunca fue limpio o sanitizado (99 % libre de gérmenes como promete la propaganda) ni jamás podrá serlo, incluso es más bien “chancho”, por así decir. Ya se trate de la saliva, el sudor, los olores, el semen, el flujo vaginal o de la piel como tal, con sus secreciones sebáceas y glándulas pilóricas; fluidos que cumplen además una función fisiológica. Para dar un ejemplo gráfico: es bastante complicado intentar coger con barbijo, guantes y alcohol en gel.
Y ello, desde el principio mismo de la vida, pues venimos a este mundo inter urinas et faeces; incluso desde antes, cuando el feto, nadando en un líquido amniótico/meconial, busca el repaire óseo del antro materno para acurrucarse sobre él, de un lado y luego del otro; una conducta que reproduce el neonato durante los primeros días en una cuna.
Prosigue luego el prenderse al pecho del bebé, con todo su cortejo de manchas de leche, caca y regurgitaciones, a los que seguirá el juego del niño, manchado de chocolate, que saltará sobre nuestro regazo. Continuará con el abrazo de los amigos, luego en la intensidad del encuentro corporal de los amantes, en el brazo firme que da apoyo al brazo vacilante del anciano débil e incluso en la mano del moribundo sostenida por otra cualquiera, a veces familiar, otras puramente circunstancial. En todo este recorrido hay un denominador, una presencia común, que es el lenguaje, las palabras y sus sonoridades; ya sea las del susurro materno, las de la canción infantil, las de los dichos del amor, las del aliento y la esperanza, incluso las que acompañan a la extrema-unción que, tengo entendido, implica la aplicación de un cierto aceite.
Es así, como el cuerpo del otro en el contexto del Otro del lenguaje se constituye como un repaire, una contención, un sostén, un apoyo, un límite en el que se funda y toma consistencia, una vivencia de unidad yoica. A propósito, el término francés repaire, puede traducirse como guarida, escondite, cueva, refugio, nido o antro. Véase que todas ellas remiten a una topología de un recipiente o cavidad interior que da cobijo al agujero del ser bajo la forma humana más habitual de intentar rellenarlo: el amor.
Más allá de la evolución tecnológica, la estrategia epidemiológica, al cabo, fue bien simple y se alimentó de la historia; primero el aislamiento (al estilo de los leprosarios de la antigüedad) para dar tiempo a la producción de cierta inmunidad, sea espontánea, natural o bien artificial desde Edward Jenner en adelante, a mediados del siglo XIII. Esto hace que la infección por covid este virando de la pandemia a la endemia, para ser uno más de los virus, bacterias y otros bichos microscópicos, más o menos dañinos, con los que se comparte la vida, pues, por lo común, ellos vienen para quedarse.
Es habitual que cuando se piensa lo que se hizo en términos vitales durante el 2020/2021, entendiendo por “vitalidad" la puesta en juego de cierta apuesta deseante por parte del sujeto, lo que retorne sea una sensación de agujero negro en la existencia, de un estallido de la realidad que marca un antes y un después. Es curioso, si los seres humanos somos los ganadores de esta guerra, somos también los perdedores, a excepción, claro está de aquellos que ganaron por goleada: los medios de comunicación, las redes sociales, las empresas de tecnología digital, los grandes bancos, las multinacionales farmacéuticas. Parte del precio pagado para ganarla, ese doloroso daño, esa herida abierta, infringida al lazo social libidinal, parece estar en vías de una larga y e impredecible cicatrización. Su inevitabilidad, su necesidad imperativa, su carácter incuestionable e implacable, quedará como una cuestión abierta, opinable, polémica e irresuelta.
Lo que apesta, lo que huele a podrido es la hipocresía; esa pseudo moral de doble vara del capitalismo globalizado, según se acomode a sus intereses. La salud de la humanidad como valor supremo y el ideal de la vida, bajo los cuales se ubicó y legitimó todo lo hecho durante la pandemia, ya no tienen vigencia o quedan en suspenso frente a otros desastres humanitarios, que no se quieren evitar, porque no sería conveniente para la buena salud de los grandes negocios. Por caso: la miseria, las hambrunas, las hordas de refugiados, los conflictos bélicos, los genocidios, la polución y contaminación del suelo y las aguas del planeta y… la lista sigue.
¡Que bicho este bicho humano! El parlante-bicho que puede recorrer y abarcar todo el espectro, desde lo más sublime y lo más siniestro, entre lo más creativo y lo más destructivo de su condición humana.
It always has been and always will be.

Setiembre 2022

jueves, 4 de agosto de 2022

¡¡QUE VARBARIDAD!!

Filosofía barata y zapatos de fútbol¹

Seguramente casi todos saben, grosso modo, que cosa es el VAR (sigla en inglés de” Video Assistant Referee”) cuya aplicación sistemática, desde hace unos años, abarca al futbol profesional, pero también a otros diversos deportes. Consiste en un sistema de repetición en video, manejado por un grupo de técnicos, que revisa y eventualmente corrige las decisiones sobre los aspectos más importantes de un juego, con el fin de eliminar el error humano, en aras de la justicia y en nombre de una, no se sabe bien cual, objetividad. Pese a su aparente intrascendencia, vamos a tomar el VAR como un ejemplo simple y paradigmático a la vez, de la función decisiva que adquiere la tecnología en nuestra actual cultura cibernético digital, en lo que atañe no solo a nuestra relación con el mundo y con nuestros semejantes, sino a la construcción misma de lo que llamamos realidad. En particular, nos interesa la implicancia, no evidente, por cierto, que allí tienen conceptos o categorías filosóficas tales como: la verdad y la realidad, lo bello y lo perfecto, la justicia y la moral y que apenas esbozaremos.
Respecto de la verdad y la realidad, nos preguntamos: ¿porque la realidad en movimiento que registra el ojo humano es menos verdad que la realidad que produce el slow motion del video? De hecho, así como a veces esclarece situaciones, hay otras que las oscurece, generando tal vez más dudas, discusiones y polémicas que cuando el aparatejo no existía. El resultado no carece de comicidad: pensado para eliminar la interpretación subjetiva, no hace más que reintroducirla, demostrando que esta es ineliminable. Los assistant del video, puesto que este no piensa y por ende no hace juicios, devienen así en el supremo referee, quedando ubicados en una suerte de lugar divino, en tanto poseedores de una verdad última incontrovertible e irrefutable.

¹Paráfrasis del título del conocido álbum de Charly García “Filosofía barata y zapatos de goma” (1990)

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sábado, 23 de julio de 2022

DE LA TRANSITORIEDAD A LA SEGUNDA MUERTE

Man Ray: retrato del marqués de Sade
“Lo bueno si breve, dos veces bueno” (Proverbio atribuido a Baltasar Gracián “Oráculo manual y arte de prudencia”, 1647)

Vamos a intentar poner en relación, tomando la noción de “lo bello” como una bisagra, el bien conocido texto de Freud de 1915 con la noción lacaniana de la “segunda muerte”, un término que toma de Sade y que surge en su enseñanza a partir del seminario “La ética del psicoanálisis” (1959/1960) Con ello pretendemos producir interrogantes que interesen a nuestra experiencia, tanto en el sentido del interés como en el de la implicancia, del atravesamiento.

La transitoriedad

El breve ensayo de Freud, contemporáneo de “De guerra y muerte”, fue escrito en plena primera guerra mundial por invitación y para colaborar, junto con otros destacados intelectuales, en un volumen conmemorativo sobre Goethe llamado “El país de Goethe”. Este lleva por título en alemán un término único: Vergänglichkeit, traducido como “La transitoriedad” por Etcheverry y como “Lo perecedero” por Ballesteros; también podrían aceptarse como otras traducciones posibles “lo efímero” y “la fugacidad”. Pero en alemán es un sustantivo sin articulo lo que acentúa su peso propio, su condición terminante, su “sostenerse por sí mismo”, por así decir. No carece de interés llamar la atención sobre la función del prefijo inseparable “ver” de amplio uso en la lengua alemana y su relación con la función, también amplia, de la negación (“verneinung”) y que sabemos participa de otros términos trascendentes para el psicoanálisis, tales como “verdrängung” (represión),“verwerfung” (forclusión) o “versagung” (frustración) Si bien la implicancia de la función de la negación no es tan marcada como en el caso del prefijo separable “un”, aquel que va a formar, por caso, el “unbewuste” (inconsciente), el “unbehagen” (malestar) o el “unlust” (displacer) los gramáticos y lingüistas destacan la función llamada “adversativa” del prefijo “ver”; es decir la de disminuir, acotar o limitar algo respecto del término al que precede. En la traducción al inglés de “vergänglichkeit” aparece, por ejemplo, un “impermanence” donde el prefijo muestra mejor esa función de la negación que en castellano, como lo que “no permanece” o lo “no permanente”.
Lacan fue trabajando y desarrollando a lo largo de sus seminarios, esa función de la negación y sus implicancias significantes, no solo en su efecto sobre la enunciación, como la forma más simple y a la vez más eficaz de la represión, sino también en cuanto a su función de exclusión, de limite, que produce lo real como lo excluido más allá de ese límite. Un real que se constituye como efecto del corte de lo simbólico y que lo llevará al empleo de la negación en muchas de sus fórmulas donde cumpliría esa función de denotar la castración: “no-todo”, “no-relación”, “no-existe”, etc. Parafraseando a Freud podría decirse que la función de la negación es aquí el “made in Germany”, el sello, la marca, de la función de la castración, operando sobre la letra misma del enunciado.
En suma, entonces, lo transitorio, lo efímero, lo finito es lo que se opone, lo que viene a negar y a refutar a lo permanente, lo eterno y lo infinito, es decir a lo situado fuera-del-tiempo; en otros términos: a lo fuera de la castración o bien a lo que en calidad de ilusión la desmiente. Esto nos conduce de lleno a la cuestión de la trascendentalidad, es decir a lo que trasciende o atraviesa, a lo que esta “más allá”, en este caso más allá de la muerte física, como pretensión y ambición de una eternidad, de un “pasaje a la inmortalidad”, que forma parte ineludible de la llamada condición humana; condición de “hablante-ser” en virtud de la cual adquiere el saber anticipado de su finitud.
Vale la pena recordar que Freud dejó bien establecido que la muerte, como registro subjetivo de un acontecimiento, es siempre la muerte del otro, del semejante; tan temida como deseada. No hay ninguna posibilidad de registro, de inscripción o representación, de la propia muerte como acontecimiento, puesto que este se ubica, por definición, en lo incognoscible, en lo real como tal. No es solo que el sujeto no quiera imaginársela, sino que esta es inimaginable, “inaccesible” dice Freud. Como se suele decir, el muerto es, justamente, aquel que no puede “contar el cuento”, es decir, dar cuenta del acontecimiento en el a posteriori de lo simbólico.

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Publicado en Revista Calibán, Vol 18, Nº2, 2020

sábado, 16 de julio de 2022

HUMOR Y PSICOANALISIS

Elegimos estas imágenes de estos cuatro señores por lo mucho que ellas comparten. En primer lugar, una actitud pensante o reflexiva, allí donde podría suponerse que solo trataban de divertir; donde las especies del humor son un instrumento, un medio para intentar hacer pensar. Comparten también el hecho, en principio casual, de que sostengan o apoyen sus inquietas y geniales cabezas sobre la zurda.

"El humor nos permite ver a través de lo que parece racional, lo irracional. Refuerza nuestro instinto de conservación y preserva nuestra salud de espíritu. Gracias al humor, las vicisitudes de la existencia se tornan más llevaderas; desarrolla nuestro sentido de las proporciones y nos revela que lo absurdo merodea siempre en torno a la exagerada gravedad"

Sir Charles Chaplin

Si al lector le gusta el cine – y ya tiene algunos años - tal vez recuerde el final de la célebre comedia "una Eva y dos Adanes " (Some like it hot, Billy Wilder, 1959) donde Jack Lemmon, más bien travestido que disfrazado de mujer, trata de convencer en vano a Joe E. Brown de la imposibilidad de casarse con él. Frente a su insistencia y ya desesperado se quita la peluca y le grita: "Es que soy un hombre"; Brown luego de un breve titubeo le responde "Well...nobody is perfect”. De ese mismo film también es posible recordar al malvado George Raft salvajemente ametrallado junto a su banda en una fiesta de gansters por un pistolero que emerge del interior de una gigantesca torta de cumpleaños y en el momento de soplar las velitas. Sorprendido por la muerte, ensangrentado y a título de últimas palabras exhala justamente un: "good joke". Son sólo dos ejemplos marcados por nuestro gusto personal, así como cualquiera podría encontrar los suyos, donde el humor - como efecto de un dicho - surge en el momento mismo donde se está frente a cuestiones de límite, en el borde de lo imposible de decir más que por el roce alusivo: la sexualidad en el primer caso, la muerte en el segundo. Llevados hasta un punto de "apronte angustioso" se produce un sorpresivo efecto de corte y un posterior viraje hacia una "discreta ganancia de placer" para decirlo en los términos de Freud quien considera a este "plus" como una de las claves del efecto humorístico. Subrayamos asimismo el calificativo de "discreto" pues con el apoyo de nuestros ejemplos intentamos dejar en claro que no se trata de la burla, la grosería y menos aún la risotada. El humor está presente al menos en dos sentidos en la obra de Freud. Por un lado formando parte como condimento de su estilo de escribir, lo que incluye frecuentes referencias a otros autores (J. Nestroy, H. Heine y G.B. Shaw entre sus preferidos) Por otro lado, con la producción de dos textos específicos: "El chiste y su relación con lo inconsciente" (1905) perteneciente al período “fundacional” del psicoanálisis donde se destaca su fascinación por el juego significante del lenguaje y más tardíamente "El humor" (1927) donde el acento pasa por la metapsicología. Existe pues un lugar trascendente para el humor en el campo teórico del psicoanálisis así como también en el interior de la experiencia analítica misma y aún en una ética propia del psicoanálisis (que el humor pueda tener que ver con una ética parece, en principio, una broma) Al dirigir su interés hacia el humor Freud contribuye asimismo a romper con el prejuicio academicista donde lo científico quedaría adscripto a lo serio y solemne mientras lo humorístico pertenecería a lo pueril e intrascendente.

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Trabajo publicado como co-autor en el libro “Sería trágico se nao fosse cómico” Civilizaçao brasileira (RJ) 2005

viernes, 8 de julio de 2022

SEXUALIDAD Y DIFERENCIA



Hernández y Fernández
Las aventuras de Tin-Tin (Hergé)


“Masculinidad y feminidad puras siguen siendo construcciones teóricas de contenido incierto”  S. Freud (1925)

“Sólo cuando nos volvemos con el pensar hacia lo ya pensado, estamos al servicio de lo por pensar”  M. Heidegger (1957)


¿Neosexualidades?


Es un hecho cultural, social y político incontrovertible de nuestra época el surgimiento y despliegue de nuevas formas o manifestaciones de la sexualidad que promueven nuevas conductas y patrones en las relaciones sociales, sexuales, y familiares; cambios que surgidos hace décadas en el “primer mundo” se difunden universalmente con gran rapidez. 

“Lesbianas”, “gays”, “bisexuales”, “transexuales”, “travestis”, etc. constituyen supuestas nuevas categorías sexuales o “neosexualidades”, cuyo catálogo está abierto. A ello deben sumarse las llamadas, “neoparentalidades”, “mono” y “homoparentalidades”, etc. También se puede incluir un cruce con las “nuevas formas de gestación” y asimismo con las cirugías y terapias hormonales ligadas al cambio de sexo.

Si en sentido estricto, no todo aquí es nuevo (la homosexualidad, por caso, es tan vieja como el mundo) lo novedoso sería la constitución, de la mano de las “redes sociales”, de movimientos y organizaciones (“feministas”, “queer”, “transgénero”, etc.) cuyas demandas sociales y políticas se legitiman en discursos que tienen sus autores teóricos diversos y que sería un error considerar homogéneos o formando un conjunto, por demás heterodoxo. Por caso, no es lo mismo la lucha feminista, de hace más de un siglo, por la igualdad de los derechos e intereses sociales y políticos de las mujeres, que el “feminismo radical” que considera el lesbianismo como única salida frente a la dictadura del “patriarcado” o la promoción militante de la identidad “agénero” o “neutro” cuyo paradigma es el borramiento de toda diferencia sexual.

Podría decirse que un denominador común en esta diversidad sea la apelación o promoción de la “libertad” y del “libre albedrío” respecto de una elección voluntaria en materia de sexualidad, considerada un derecho legal y que, en varios casos, se extiende también a los niños. 

Esta es una posición que interesa particularmente al psicoanálisis puesto que implica el desconocimiento y el rechazo de cualquier determinismo relativo, no ya solamente el de la anatomía, sino el del significante y el de esa sujeción del sujeto a él que llamamos inconsciente y que involucra radicalmente al cuerpo en tanto que erógeno y en tanto que objeto del Deseo del Otro. 

En su extremo supondría la desmentida, la anulación de la brecha estructural entre el lenguaje y el cuerpo, por la cual el sujeto como hecho de lenguaje y más allá de su efecto sobre el cuerpo sexuado, queda involucrado por un real, un resto o residuo inaccesible que escapa a lo simbolizable. Digámoslo así: hay un cuerpo, familiar y extraño a la vez, que está más allá del sujeto y de la voluntad.

Pensamos que esa posición “libertaria”, por así decir, supone y reivindica un sujeto pleno que puede desprender, separar el lenguaje del cuerpo y a partir de eso, controlarlo y dominar sobre él, decidir sobre el sexo y en última instancia sobre la vida y la muerte. 

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Trabajo publicado en Revista Calibán Vol 17, Nº 1, 2019

Lee también el texto ''La mal-dicción del sexo'' relacionado a ''Sexualidad y Diferencia'', clickeando aquí