“En consecuencia, el prójimo no es solamente un posible auxiliar y objeto sexual, sino una tentación para satisfacer en él la agresión, explotar su fuerza de trabajo sin resarcirlo, usarlo sexualmente sin su consentimiento, desposeerlo de su patrimonio, humillarlo, infligirle dolores, martirizarlo y asesinarlo” Sigmund Freud: “El malestar en la cultura” (pág. 108)
Pocos sucesos nos conmueven universalmente como la muerte de un niño; siempre inocente, absurda, dramática y las más de las veces, criminal. La de Aylan un niño sirio de tres años, que se ahogó, junto a sus padres y otros refugiados al naufragar en el Mediterráneo la embarcación en la que huían de la guerra y cuyo pequeño cadáver apareció en una playa turca en setiembre del pasado año, no fue la excepción. Las imágenes dieron la vuelta al mundo y miles de palabras fueron vertidas y derramadas a través del ancho universo mediático. A propósito, casi no recuerdo haber leído o escuchado que se recordase que en otro ancho mundo, y de algunas zonas y razas más que de otras, mueren cientos de niños de tres años todos los días; de hambre, de enfermedades curables, de fuego cruzado o de “daños colaterales” como le llaman. Otros tantos son secuestrados y vendidos, aunque podría decirse que al menos conservan la vida. Quizás el pequeñín sirio, a diferencia de otros miles, haya tenido el “privilegio” ¡vaya cruel ironía! de haber sido filmado y aparecer en la “CNN” y en “Youtube”. Como sea y a propósito de esa emblemática tragedia, un querido colega nos envió con muchos elogios un artículo del filósofo argentino Jose Pablo Feinmann titulado “Sobre el humanismo”, inspirado a su vez en otro similar del sociólogo y escritor Horacio González, publicados ambos en esos días en el periódico “Página 12” de Buenos Aires. Su lectura nos provocó algunas reflexiones que nos evocaron dos artículos trascendentes de Freud: “De guerra y muerte. Temas de actualidad” (1915) y en especial “¿Porque la guerra?” (1932) que puede considerarse una resonancia de “El porvenir de una ilusión” (1927) y de “El malestar en la cultura (1930) Como se sabe, ese segundo texto, en formato de carta abierta, fue escrito por Freud como respuesta a otra carta pública del físico Albert Einstein publicada ese mismo año; ambas por una invitación y compromiso con la recientemente creada Sociedad de las Naciones que buscaba promover los valores del humanismo y el pacifismo.
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